Llegaron a mis manos, hace algunas semanas, los restos de lo que pareció haber sido un diario personal. Apenas unas pocas páginas han sobrevivido a la humedad y el fuego (tal vez intencionalmente su autor lo haya querido destruir, o podría haber ardido en un incendio).
Transcribo a continuación lo poco que pude rescatar:
Hallábase esa fría noche el viejo Iván Alexéievich Sorunov sentado sobre un barril en medio del campo, vestido con un uniforme algo raído aunque extremadamente pulcro, sonrosados los gordos cachetes y con una expresión melancólica causada por lo que sabía que inevitablemente sucedería.
Tenía un pie algo más alto, apoyado sobre un pequeño cofre. A su derecha, su perro Vasili, echado sobre la tierra, iba quedándose dormido poco a poco. A su izquierda ardía una fogata que iluminaba el costado del viejo Iván, dejando casi en la oscuridad absoluta el lado derecho de su cuerpo. Yo, que en ese entonces tenía 9 años y era su fiel servidor, estaba sentado delante de él, lustrándole con esmero la bota que tenía sobre el cofre.
Iván Alexéievich sostenía un cuaderno viejo y sucio y leía en voz alta, emocionándose de tanto en tanto. Al terminar cada página, la arrancaba y la arrojaba al fuego haciendo que se avivara la fogata .
Terminé de lustrarle las botas, entonces sacó una moneda de uno de los bolsillos de su uniforme y me la dio. Me fui y me quedé mirándolo desde la oscuridad, lejos del calor y la luz del fuego. Cuando hubo terminado de leer la última página de su diario -pues eso era el cuaderno- arrojó lo que quedaba a las llamas y se puso de pie. Se abotonó el cuello de la chaqueta y se puso la gorra con visera.
Acercóse entonces un hombre con un uniforme distinto al que vestía Iván y le apuntó con un arma a la cabeza. Iván, sin perder la dignidad en ningún momento, cayó primero de rodillas y finalmente se desplomó de cuerpo entero en la tierra. Vasili se estremeció, asustado por el estruendo del disparo, y corrió. Después de algunos minutos volvió y se acomodó al lado del cuerpo de Iván.
Tras haber investigado tanto como pude, careciendo de fuentes y conociendo apenas las tristes circunstancias en que terminaron los días de Iván Alexéievich Sorunov, llegué a estas posibles conclusiones:
Iván fue un militar ruso de rango medio que cayó prisionero de los franceses antes de la batalla de Borodinó, habiendo sido ejecutado por un soldado francés que finalmente falleció en el camino de Smolensko.
Iván fue el gerente de un circo ambulante que tuvo durante su juventud una aventura fugaz pero intensa con la esposa de un policía de Saliqueló cuando estaba en gira. Ya viejo, volvió a Saliqueló con su uniforme rojo de presentador y el marido despechado lo ejecutó.
No hay registros de que exista alguna lápida con su nombre.

